El Síndrome de Hiperestimulación Ovárica se define como el conjunto de signos y síntomas que se presentan como resultado de las medicinas administradas para la estimulación de los ovarios.
Generalmente este síndrome es evitado porque la estimulación ovárica se realiza de una manera controlada tomando medidas preventivas como administrar el menor número de ampollas posible y bajo estricta vigilancia médica, realizar econosonogramas en serie para monitorear la ovulación, y determinar los niveles de estradiol en el suero sanguíneo. En ocasiones el síndrome se presenta aún tomando todas estas precauciones. La clave en el control del síndrome de hiperestimulación ovárica es la detección del mismo en su fase temprana con la consecuente intervención médica rápida.
La hiperestimulación ovárica leve ocurre en el 10-20% de los casos, presentándose sólo un aumento del tamaño de los ovarios y dolor pélvico leve, se puede resolver con tratamiento médico ambulatorio. En cambio, la hiperestimulación ovárica severa ocurre en menos del 1% de las pacientes, los ovarios pueden agrandarse mucho más, asociándose con dolor pélvico, retención de líquido, deshidratación, trastornos electrolíticos y torsión del o los ovarios, ameritando la hospitalización para su tratamiento médico.
A pesar de que existen muchos vacíos en el origen de este síndrome, se conoce que es una enfermedad autolimitada. En los casos donde la paciente no se embaraza generalmente el problema se resuelve en 10 días, pero si ocurre embarazo entonces su duración puede extenderse entre 4 y 6 semanas.
En un estudio realizado en 29700 pacientes se encontró que el Síndrome de Hiperestimulación Ovárica severo sólo ocurrió en 0,7% de las pacientes (Venn et al. F&S (2001) 12: 2691-2696)